En 1921, cuatro hombres y una mujer se aventuraron en las profundidades del Artico. Dos años más tarde sólo uno regresó.
Cuando Inuit Ada Blackjack, de 23 años, firmó como costurera y cocinera para una expedición ártica de máximo secreto, su objetivo era simple: ganar dinero y encontrar marido.
Pero sus terribles experiencias constituyen una de las más increíbles aventuras del siglo xx.
Ada nació en Alaska. Se casó muy joven y dio a luz hijos, sólo dos sobrevivieron. La muerte de su esposo por ahogamiento la dejó desamparada. Angustiada, internó a su hijo en un orfanato y se unió a la expedición a la Isla de Wrangler (Rusia), patrocinada por el gobierno de Canadá con el objetivo de reclamar los derechos territoriales.
Ada no tenía la apariencia de una heroína. De baja estatura, tímida y completamente ignorante del mundo fuera de su Alaska natal. Temía a las armas y a los osos polares. No sabía ni cazar ni vivir de la tierra; tampoco, construir un iglú. Tenía una reputación cuestionable y un hijo enfermo. Fue precisamente por el pequeño por quién se animó a semejante aventura, necesitaba el dinero para su curación.
Los hombres la consideraron un obstáculo y una molestia. Se burlaban de ella, "Nunca lo lograrás", le decían riéndose.
Las condiciones pronto se volvieron malas para el equipo.
Llevaron con ellos seis meses de suministros en la teoría
de que esto sería suficiente para mantenerlos durante un año mientras
vivían de la tierra misma. Pero a medida que el invierno se estableció, fueron golpeados por las dificultades y la tragedia. Los meses pasaban y comenzaron a morir de hambre, se vieron obligados a racionar sus pocas provisiones.
Cuando tres de los hombres hicieron un intento desesperado de buscar
ayuda, Ada se quedó en el campamento cuidando al cuarto hombre afectado de escorbuto. Al morir, Ada se encontró completamente sola.
Con valentía y dotada de una férrea voluntad, Ada aprendió a sobrevivir en las condiciones extremas de congelación hasta que fue rescatada en agosto de 1923.
Algunos periódicos la llamaron "La mujer Robinson Crusoe".
Ada invirtió el dinero ahorrado en llevar a su hijito Bennet a Seattle para curar su tuberculosis.
Volvió a casarse y tuvo otro hijo, Billy.
Ada regresó al Artico, donde murió a los 85 años.
Ada odió el circo mediático que se armó en torno a ella. Excepto por el salario que le correspondió por su participación en la expedición y unos cientos de dólares que obtuvo por pieles de animales que atrapó en la Isla de Wrangler, Ada no se benefició de la publicación posterior de varios libros y artículos publicados sobre tan desastroso viaje.
"Aprendí que el coraje no es la ausencia del miedo, sino el triunfo
sobre él. El valiente no es quien no siente miedo, sino quien
conquista ese miedo". Nelson Mandela
miércoles, 31 de mayo de 2017
jueves, 27 de abril de 2017
MARIA ANTONIETA, AZOTE DE FRANCIA
Yo, María Antonieta, Archiduquesa de Austria y Reina destronada de Francia, levanto mi voz desde la tumba para reinvindicar mi dignidad vapuleada por una chusma sedienta de venganza.
El dolor estrangula mi garganta al recordar el momento en que caminé hacia el cadalso por las calles de París colmadas de personas, en los balcones, en los tejados, abucheándome...insultándome. Las mismas personas que años atrás me vitorearon al llegar a Francia para contraer nupcias con Luis.
¡Condenada a morir en la guillotina a los 37 años! Pero, ¿por qué? Aún no lo entiendo.
Yo era feliz en mi Austria natal, sin embargo, mis mayores se empecinaron en arrancarme de ese cálido nido para arrojarme en otro nido, pero de víboras: Versailles.
Catorce años tenía cuando me entregaron a Luis, el Delfín de Francia, un joven gordo y aburrido. ¿Qué culpa tuve yo entonces de querer divertirme? Adoraba el teatro, la música ( siendo yo pequeña. vino a mi palacio un niño que me deleitó con sus interpretaciones en el piano, creo que se llamaba Amadeus...¡sí, Amadeus Mozart), el juego de azar, los bailes de máscaras y los vestidos...tuve cientos, extravagantes y suntuosos. ¡Ah! y mi mayor placer...las confituras.
A Luis le encantaba la caza del zorro. Para él no era problema levantarse al amanecer y regresar por la noche muerto de cansancio por el esfuerzo. ¡Cómo lo odié por abrazar esa cruel afición! Yo amo los animales y en vano luché contra esa maldita tradición de cazar a un animalito indefenso que despedazan los perros para diversión de un grupo de tontos aristócratas. En fin, por mucho que pataleé y lloré no logré que Luis desistiera de su sanguinario entretenimiento. ¡Y era a mí a la que se la acusaba de superficial y caprichosa!
En 1774 Luis y yo nos convertimos en reyes. A mi marido se lo empezó a llamar Luis XVI y a mí "el azote de Francia" o "la austríaca". En la corte me tildaron de caprichosa sólo por destituir a algunos ministros que no me caían bien. ¿Acaso está mal que alguien,quien quiera que fuese, para dirigirme la palabra tuviera que pedir previamente una audiencia?
Se me acusó injustamente de no quedar embarazada, de no darle un heredero a la corona francesa. ¡Habráse visto semejante infundio! No fue mi culpa si durante siete años Luis no pudo copular por padecer de un estrechamiento del prepucio, lo que le producía un dolor terrible cuando se le provocaba una erección.
Y yo, joven y ardorosa, ¿debía mantenerme célibe? ¡Por Dios, no! Eso sí, siempre fui cautelosa y discreta con mis amantes. Nunca fue mi intención avergonzar a mi dulce Luis.
Finalmente, después de ocho años de matrimonio nació una bella niña y en 1781, pude respirar aliviada al dar a luz a Luois Joseph Alexander. Me volqué a ellos con dedicación y ternura.
Pero la maledicencia no me dio tregua. Esta vez se me acusó de acostarme con el cardenal Rohan para conseguir un collar de diamantes. Collar que no se le pagó al joyero. Por supuesto que clamé por el arresto del calumniador., ¡"hombre de Dios", ja! Permítanme que me ría.
Se realizó una investigación por insistencia de mi marido y resultó que ni el cardenal ni yo éramos culpables, sino un par de estafadores que utilizaron el nombre del cardenal para embaucar al joyero.
Al cardenal se lo disculpó, pero yo fuí tratada con gran desconsideración por el pueblo. Me odiaban.
Entretanto la situación política y social en el país se acercaba al abismo. De repente nos vimos atrapados en una revolución que amenazaba nuestras vidas. Le rogué a Luis que huyéramos con los niños, él se negó. Y cuando lo hicimos, nos detuvieron y nos encarcelaron en la prisión del Temple. Luis fue depuesto.
En las calles, el populacho pedía la cabeza de Luis. Y Robespierre, ese maldito lider jacobino, lo sentenció a la guillotina. ¡Mi querido y buen Luis! Su cabeza fue expuesta para regocijo de la plebe.
En 1793 me procesaron por actividades contrarevolucionarias, por impedir la abolición de los derechos feudales, por burlarme del hambre del pueblo. Yo nunca dije: "Si no tienen pan, que coman pasteles". ¡Lenguas viperinas esparciendo veneno en mi contra! Hasta llegaron a decir que tuve relaciones incestuosas con mi hijo. ¡Mon Die!, que bochorno.
En una sala oscura y con piso de madera, hice frente con decoro un juicio que duró quince horas con decenas de testigos que me inculparon.
Me defendí con dignidad, pero de nada sirvió, me condenaron a morir en la guillotina.
Pasé mis últimas hora en el Conciergerie. Rosalie, mi fiel criada, me acompañó hasta el final, así como también, mi perrito preferido.
El 16 de octubre de 1793, el día de mi ejecución, cortaron mi largo y precioso cabello para dejar al descubierto mi cuello, así la guillotina haría mejor su trabajo.
Vestida con una larga túnica blanca y las manos atadas a la espalda, subí a un carro que recorrió las calles de París recibiendo insultos y humillaciones. El morbo mezclado al afán de venganza. Yo nunca perdí la entereza, lo soporté todo con orgullo y majestuosidad.
Subí las escaleras de la tarima de madera y me puse delante de la guillotina. Temblaba, el miedo me estrangulaba, sin embargo, me mantuve altiva. Nada sabía de la suerte de mis hijos, esa era mi amargura.
Cuatro torturantes minutos duró el terrible desenlace. Sentí el filo de la guillotina acariciar mi piel y después...la oscuridad y el silencio...
Repito, yo, Maria Antonieta, me alzo de mi tumba para cuestionar a la Historia que me presenta como exéntrica, superficial y lujuriosa.
Me condenaron no a una muerte deshonrosa, que sería tal para los criminales y yo no lo fui, sino a una muerte que me reunió con mi Luis. Pido perdón a todos aquellos a los que hice daño, sin ser esa mi intención.
Fui una mujer marcada por un destino déspota que sólo quiso ser feliz.
El dolor estrangula mi garganta al recordar el momento en que caminé hacia el cadalso por las calles de París colmadas de personas, en los balcones, en los tejados, abucheándome...insultándome. Las mismas personas que años atrás me vitorearon al llegar a Francia para contraer nupcias con Luis.
¡Condenada a morir en la guillotina a los 37 años! Pero, ¿por qué? Aún no lo entiendo.
Yo era feliz en mi Austria natal, sin embargo, mis mayores se empecinaron en arrancarme de ese cálido nido para arrojarme en otro nido, pero de víboras: Versailles.
Catorce años tenía cuando me entregaron a Luis, el Delfín de Francia, un joven gordo y aburrido. ¿Qué culpa tuve yo entonces de querer divertirme? Adoraba el teatro, la música ( siendo yo pequeña. vino a mi palacio un niño que me deleitó con sus interpretaciones en el piano, creo que se llamaba Amadeus...¡sí, Amadeus Mozart), el juego de azar, los bailes de máscaras y los vestidos...tuve cientos, extravagantes y suntuosos. ¡Ah! y mi mayor placer...las confituras.
A Luis le encantaba la caza del zorro. Para él no era problema levantarse al amanecer y regresar por la noche muerto de cansancio por el esfuerzo. ¡Cómo lo odié por abrazar esa cruel afición! Yo amo los animales y en vano luché contra esa maldita tradición de cazar a un animalito indefenso que despedazan los perros para diversión de un grupo de tontos aristócratas. En fin, por mucho que pataleé y lloré no logré que Luis desistiera de su sanguinario entretenimiento. ¡Y era a mí a la que se la acusaba de superficial y caprichosa!
En 1774 Luis y yo nos convertimos en reyes. A mi marido se lo empezó a llamar Luis XVI y a mí "el azote de Francia" o "la austríaca". En la corte me tildaron de caprichosa sólo por destituir a algunos ministros que no me caían bien. ¿Acaso está mal que alguien,quien quiera que fuese, para dirigirme la palabra tuviera que pedir previamente una audiencia?
Se me acusó injustamente de no quedar embarazada, de no darle un heredero a la corona francesa. ¡Habráse visto semejante infundio! No fue mi culpa si durante siete años Luis no pudo copular por padecer de un estrechamiento del prepucio, lo que le producía un dolor terrible cuando se le provocaba una erección.
Y yo, joven y ardorosa, ¿debía mantenerme célibe? ¡Por Dios, no! Eso sí, siempre fui cautelosa y discreta con mis amantes. Nunca fue mi intención avergonzar a mi dulce Luis.
Finalmente, después de ocho años de matrimonio nació una bella niña y en 1781, pude respirar aliviada al dar a luz a Luois Joseph Alexander. Me volqué a ellos con dedicación y ternura.
Pero la maledicencia no me dio tregua. Esta vez se me acusó de acostarme con el cardenal Rohan para conseguir un collar de diamantes. Collar que no se le pagó al joyero. Por supuesto que clamé por el arresto del calumniador., ¡"hombre de Dios", ja! Permítanme que me ría.
Se realizó una investigación por insistencia de mi marido y resultó que ni el cardenal ni yo éramos culpables, sino un par de estafadores que utilizaron el nombre del cardenal para embaucar al joyero.
Al cardenal se lo disculpó, pero yo fuí tratada con gran desconsideración por el pueblo. Me odiaban.
Entretanto la situación política y social en el país se acercaba al abismo. De repente nos vimos atrapados en una revolución que amenazaba nuestras vidas. Le rogué a Luis que huyéramos con los niños, él se negó. Y cuando lo hicimos, nos detuvieron y nos encarcelaron en la prisión del Temple. Luis fue depuesto.
En las calles, el populacho pedía la cabeza de Luis. Y Robespierre, ese maldito lider jacobino, lo sentenció a la guillotina. ¡Mi querido y buen Luis! Su cabeza fue expuesta para regocijo de la plebe.
En 1793 me procesaron por actividades contrarevolucionarias, por impedir la abolición de los derechos feudales, por burlarme del hambre del pueblo. Yo nunca dije: "Si no tienen pan, que coman pasteles". ¡Lenguas viperinas esparciendo veneno en mi contra! Hasta llegaron a decir que tuve relaciones incestuosas con mi hijo. ¡Mon Die!, que bochorno.
En una sala oscura y con piso de madera, hice frente con decoro un juicio que duró quince horas con decenas de testigos que me inculparon.
Me defendí con dignidad, pero de nada sirvió, me condenaron a morir en la guillotina.
Pasé mis últimas hora en el Conciergerie. Rosalie, mi fiel criada, me acompañó hasta el final, así como también, mi perrito preferido.
El 16 de octubre de 1793, el día de mi ejecución, cortaron mi largo y precioso cabello para dejar al descubierto mi cuello, así la guillotina haría mejor su trabajo.
Vestida con una larga túnica blanca y las manos atadas a la espalda, subí a un carro que recorrió las calles de París recibiendo insultos y humillaciones. El morbo mezclado al afán de venganza. Yo nunca perdí la entereza, lo soporté todo con orgullo y majestuosidad.
Subí las escaleras de la tarima de madera y me puse delante de la guillotina. Temblaba, el miedo me estrangulaba, sin embargo, me mantuve altiva. Nada sabía de la suerte de mis hijos, esa era mi amargura.
Cuatro torturantes minutos duró el terrible desenlace. Sentí el filo de la guillotina acariciar mi piel y después...la oscuridad y el silencio...
Repito, yo, Maria Antonieta, me alzo de mi tumba para cuestionar a la Historia que me presenta como exéntrica, superficial y lujuriosa.
Me condenaron no a una muerte deshonrosa, que sería tal para los criminales y yo no lo fui, sino a una muerte que me reunió con mi Luis. Pido perdón a todos aquellos a los que hice daño, sin ser esa mi intención.
Fui una mujer marcada por un destino déspota que sólo quiso ser feliz.
domingo, 12 de marzo de 2017
VERA LYNN, LA VOZ QUE SEDUJO A LAS FUERZAS BRITANICAS EN TIEMPO DE GUERRA
Vera Lynn fue solista en 1940 y ganó una competencia del Daily Express cuando
fue llamada por la BBC de Londres para realizar su programa "Sincerely
Yours", que resultó ser un show de gran aceptación popular
sobre todo para las tropas que se encontraban en ultramar. En el programa era
acompañada por un cuarteto de músicos. Entre las canciones que
eran las preferidas de los oyentes se encontraban "White Cliffs of Dover",
"We'll Meet Again", "Wishing" y "Yours".
Cooperando en el esfuerzo de guerra británico, Vera hacía visitas a los hospitales para entrevistar a las parturientas, como parte del programa, enviando mensajes a los esposos que se encontraban prestando servicio en el frente de guerra. Por la tremenda popularidad de Vera, con la canción "White Cliffs of Dover", venció a Judy Garland y Bing Crosby siendo nominada la artista preferida de la Fuerza Expedicionaria Británica y llamada desde entonces "The Force's Sweetheart" (La Novia de la Fuerza).
Vera Lynn trabajó en tres películas durante los años de guerra, "We'll Meet Again" en 1942 donde grabó la canción del mismo nombre, que fue un éxito, quizás la canción nostálgica preferida de los británicos durante la guerra y que perdura hasta hoy.
Luego filmó "Rhythm Serenade" en 1943, y "One Exciting Night" en 1944. En ese mismo año viajó a Birmania para hacer un espectáculo de entretenimiento para las fuerzas Aliadas. Al finalizar la guerra en 1945 se retiró.
En el 2002 a los 85 años de edad, Vera Lynn se convirtió en Presidenta del SOS, organismo de caridad contra la parálisis infantil y fue huésped en el concierto celebrado en su honor en el "Queen Elizabeth Hall" de Londres
Cooperando en el esfuerzo de guerra británico, Vera hacía visitas a los hospitales para entrevistar a las parturientas, como parte del programa, enviando mensajes a los esposos que se encontraban prestando servicio en el frente de guerra. Por la tremenda popularidad de Vera, con la canción "White Cliffs of Dover", venció a Judy Garland y Bing Crosby siendo nominada la artista preferida de la Fuerza Expedicionaria Británica y llamada desde entonces "The Force's Sweetheart" (La Novia de la Fuerza).
Vera Lynn trabajó en tres películas durante los años de guerra, "We'll Meet Again" en 1942 donde grabó la canción del mismo nombre, que fue un éxito, quizás la canción nostálgica preferida de los británicos durante la guerra y que perdura hasta hoy.
Luego filmó "Rhythm Serenade" en 1943, y "One Exciting Night" en 1944. En ese mismo año viajó a Birmania para hacer un espectáculo de entretenimiento para las fuerzas Aliadas. Al finalizar la guerra en 1945 se retiró.
En el 2002 a los 85 años de edad, Vera Lynn se convirtió en Presidenta del SOS, organismo de caridad contra la parálisis infantil y fue huésped en el concierto celebrado en su honor en el "Queen Elizabeth Hall" de Londres
domingo, 23 de agosto de 2015
CAMILA O'GORMAN, AMOR PROHIBIDO
GRANDES PASIONES ARGENTINAS
El era un sacerdote. Ella, una niña de sociedad.
La iglesia del Socorro fue el escenario del despertar de este amor desgraciado.
Por los años 1847-1848, plena época rosista, el lugar era un tranquilo barrio de quintas arboladas.
En las cercanías vivía la familia O'Gorman. Entre sus seis hijos se distinguía Camila.
Esta joven de unos veinte años era,"muy hermosa de cara y de cuerpo, muy blanca, graciosa y hábil, pues tocaba el piano y cantaba embelesando a los que la oían".
El padre Ladislao había llegado unos años antes desde Tucumán. Era un joven "de pelo negro y ensortijado, cutis moreno y mirada viva, modales delicados y simpático". Venía a Buenos Aires para seguir la carrera eclesiástica. Ordenado sacerdote a los 24 años, fue designado párroco en la iglesia del Socorro. Pronto reparó en la joven alta, de pelo castaño y expresivos ojos oscuros, de andar elegante y graciosa. No tuvo que esperar mucho para que se la presentaran: era hermana de Eduardo O'Gorman, compañero en la carrera sacerdotal
Camila era bastante devota. Iba con frecuencia a misa Poco a poco se hicieron amigos
Entre ellos se impuso el misterio del amor. Desde que ella hacía su aparición en la iglesia, sentándose con gracia en la alfombra que extendía su sirviente, sólo podía dirigirse a ella.
Camila no podía imaginarse la vida sin él. Decidieron fugarse para cristalizar su amor. Si la sociedad no permitía que se unieran ante el mundo, se unirían ante Dios.
Empezaron a concebir la idea de huir de Buenos Aires y cambiar de identidad.. Irían a Luján, de allí pasarían a Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes.
El destino final sería Río de Janeiro.
Al llegar a Luján, en una enramada que les había proporcionado el mesero, los amantes tuvieron su momento de felicidad.
Mientras tanto en Buenos Aires, pasados diez días, el padre de Camila denunció el hecho al Gobernador como "el acto más atroz y nunca oído en el país", mientras el obispo Medrano pedía que "en cualquier punto que los encuentren a estos miserables, desgraciados infelices, sean aprehendidos y traídos, para que, procediendo en justicia, sean reprendidos por tan enorme y escandaloso procedimiento".
A Rosas lo tenían sin cuidado los amancebamientos de los curas. Lo que no toleraba era una falta de obediencia hacia su persona.
Los enamorados al llegar a Goya, Corrientes, con una nueva identidad, se tomaron un respiro para prepararse para la última etapa de su fuga: Brasil. Para ganarse la vida abrieron una escuela, la primera que existió en esa pequeña ciudad.
Vivieron cuatro meses de felicidad hasta que Ladislao fue reconocido por un sacerdote irlandés que los denunció.
Fueron encarcelados e incomunicados.
Rosas ordenó que fueran trasladados a Santos Lugares, la más temida prisión del régimen. Estaban incomunicados entre ellos y con los demás.
Las declaraciones de Camila no hacían sino corroborar su posición subversiva: no estaban arrepentidos, sino "satisfechos a los ojos de la Providencia" y no consideraban criminal su conducta "por estar su conciencia tranquila".
Rosas ordenó la ejecución de los reos sin dar a lugar apelación ni defensa. Sólo se les otorgaba unos instantes para confesarse. Fue entonces cuando Reyes, máxima autoridad de la prisión, mandó un despacho urgente avisando el estado de preñez de la joven, avalado por el médico del lugar.
Nada de ésto importó al Gobernador, que se mantuvo firme en su decisión de ejecutarlos.
Ladislao, a través de un guardia, le hizo llegar a Camila un mensaje: "Acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la tierra, unidos, nos uniremos en el cielo, ante Dios. Te abraza, tu Ladislao".
Sentaron a cada uno de ellos en una silla, cargada por cuatro hombres a través de dos largos palos. Les vendaron los ojos y escoltados por la banda de música del batallón, los llevaron al patio rodeado de muros.
Camila y Ladislao, sentados uno junto al otro, pudieron despedirse. Ladislao gritó: "Asesínenme a mí sin juicio, pero no a ella, y en estado, ¡miserables!"
Sus palabras fueron acalladas por el redoblar de tambores y la señal de fuego. Cuatro balas terminaron con su vida.
Después se oyeron tres descargas y Camila, herida, se agitó con violencia. Su cuerpo cayó con violencia del banquillo y una mano quedó señalando el cielo.
Esta historia de amor de inocentes víctimas de intereses políticos se convirtió en el suceso más imperdonable del gobierno de Rosas...Sería el comienzo del fin.
Fuente: Lucía Gálvez, historiadora. Diario "La Nacion".
jueves, 6 de agosto de 2015
CATERINA SFORZA, LA DUQUESA GUERRERA DEL RENACIMIENTO
A finales de 1498, una mujer se encarama a la muralla de la Fortaleza de Ravaldino, en Forli, 300 km al norte de Roma. Las tropas enemigas mantienen como rehenes a sus hijos y han amenazado con matarlos si no depone su actitud, pero ella, imbatible, se señala el pubis y grita: "¡Matadlos si así lo queréis, tengo el instrumento para tener muchos más! Nunca consiguiréis que me rinda". La anécdota parece una leyenda, pero dada la personalidad de su protagonista tiene visos de realidad. Caterina Sforza, es uno de los personajes femeninos más singulares del Renacimiento italiano. No sólo se codeó con los más importantes genios del arte y la cultura de su época, sino que desafió todo convencionalismo, coqueteó con la alquimia y al frente de sus tropas, no dudó enfrentarse a enemigos tan poderosos como los Borgia.
Caterina nació en 1463 en Milán. Sobrina del poderoso Ludovico el Moro, duque de Milán. Fue educada, a pesar de ser hija ilegítima, en el seno de la familia paterna donde se impregnó del espíritu humanista propio de la época. Contaba con sólo 10 años cuando la casaron con un sobrino del papa Sixto IV, veinte años mayor que ella. Aunque su esposo, Girolano Riario, era señor de Imola y Fortli, el matrimonio se instaló en Roma a fin de medrar en la corte papal. Caterina, al tiempo que daba a luz a cinco hijos, no tardó en convertirse en intermediaria entre la corte romana y la milanesa, y adquirir así enorme prestigio.
EL AVISPERO ROMANO
La muerte de Sixto VI puso en riesgo todo lo que la pareja había conquistado en los años anteriores. La eleción del nuevo papa abría la usual disputa entre las familias más poderosas de Italia, que pugnaban por situar a uno de los suyos en el trono de San Pedro.
Pero Caterina no estaba dispuesta a perder su privilegiada situación. Ante la ausencia circunstancial de su esposo y embarazada de siete meses, cruzó a caballo el Tiber y se puso al frente de la guarnición que defendía el castillo de Sant'Angelo. Con ello consiguió que algunos cardenales enemigos se negaran a participar en el cónclave, temerosos de caer bajo su poderosa artillería. Finalmente, se llegó a un acuerdo y Girolano aceptó partir de Roma a cambio de la confirmación de sus señoríos de Imola y Forli, el nombramiento de capitán general de las tropas vaticanas y una indemnización de 8000 ducados.
En su nuevo destino, Caterina tuvo ocasión de demostrar sus dotes políticas. La muerte de su esposo, asesinado por los partidarios del nuevo papa en 1488, la llevó a ejercer de regente durante la minoría de edad de su hijo Ottaviano. De inmediato puso en práctica una serie de medidas que le permitieron ganar las simpatías de sus conciudadanos, bajando los impuestos y logrando la amistad de los Estados vecinos, mediante la concertación de diversas alianzas matrimoniales de sus hijos. Además, llevada por su sempiterna afición a la milicia, se puso al frente de la instrucción militar de su ejército.
Sólo una cuestión la separaba, ya no de sus súbditos, sino de su familia. Pocos meses después del fallecimiento de su esposo, Caterina contrajo matrimonio en secreto. La pasión que sentía por el ambicioso joven hizo flaquear a la siempre invencible Caterina, hasta el punto de que llegó a apartar del gobierno a su hijo Ottaviano, para entregar las riendas del Estado a su esposo y colocar a los parientes de éste al frente de las fortalezas que defendían la ciudad. Su esposo fue asesinado por unos conjurados. En represalia, la viuda hizo masacrar a los partidarios de los asesinos y a sus familias.
Tras la muerte de su segundo marido, contrajo matrimonio con Giovanni de Médecis. Fue este también un enlace desgraciado. Giovanni murió a causa de una neumonía.
Poco después, el papa Borgia, Alejandro VI, declaró su voluntad de incorporar las ciudades de la Romaña, incluídas Imola y Forli, a los Estados Pontificios. LA VALIENTE CATERINA SFORZA NO ESTABA DISPUESTA A CONSENTIRLO.
LA INQUINA DE LOS BORGIA
De inmediato Caterina se dedicó a ampliar su ejército, a mejorar el armamento y a almacenar grandes cantidades de alimentos y miniciones ante un posible asedio de las tropas comandadas por César Borgia, hijo del papa Alejandro.
Tras la caída de Imola y Forli, el Borgia inició el asedio a la fortaleza de Ravaldino. Apoyada por más de un millar de soldados, Caterina dirigió personalmente la resistencia. Rechazó una y otra vez las propuestas de paz de su enemigo aún a costa de la vida de sus propios hijos, como cuenta la leyenda.Tras una serie de terribles combates, las tropas de César Borgia irrumpieron en Ravaldino y Caterina fue hecha prisionera.
Pese a que ella solicitó ponerse bajo la custodia del rey de Francia, Luis XII, César Borgia no quiso, por orgullo y porque Caterina se había convertido en su amante.
César no tardó en enviarla a Roma, después de hacerla sufrir humillaciones de todo tipo. El papa la obligó a permanecer en una villa próxima a Roma. Pero ni todas las atenciones recibidas por parte del pontífice, que insistió en tratar a la prisionera de acuerdo a su rango, lograron domeñar el espíritu rebelde de la Sforza. Después de que fuera descubierto su intento de fuga y habiendo sido acusada de preparar un atentado contra el papa con una serie de cartas envenenadas, la díscola condesa fue internada en el castillo de Sant' Angelo, la fortaleza que defendiera tan ardientemente años atrás.
miércoles, 1 de julio de 2015
EDITH PIAF, EL GORRION
Cantante y letrista francesa,su sufrida vida ejerció una influencia decisiva sobre su estilo interpretativo, lírico y desgarrador al mismo tiempo.
La vida de Edith Piaf fue movida y azarosa. Empezando por su nacimiento (Paris, 1915), que fue en una esquina de una calle parisiense, donde su madre, alcohólica, fue atendida por dos policías. La misma Edith, muchos años después acabaría como su madre, tirada en la calle.
Hija de un contorcionista acróbata y de una cantante de cabaret, su infancia fue triste. Sus padres se separaron muy pronto; la madre,enferma, dejó la custodia de Edith a su marido y a una abuela paterna. Dada la precaria situación económica de la familia, la joven tenía que ganarse unas monedas cantando en las calles y cafés de París.
Sin embargo, a pesar de que su vida estuvo marcada por la desdicha desde su más tierna infancia, Edith se refería a esta etapa con optimismo.
"Mi vida de niña puede parecer espantosa, pero era hermosa...Pasé hambre...Pasé frío...Pero era libre...Libre de no levantarme...De no acostarme...De emborracharme...De soñar...De esperar."
Su aspecto desvalido le valió el nombre por el que es universalmente conocida: PIAF (gorrión).
La situación empeoró cuando a los 16 años quedó embarazada. En 1932 tuvo una hija que murió a los dos años. La vida de la cantante quedó marcada por esa tragedia. Siguió cantando en cafés y clubes de los barrios menos recomendables del París de esa época.
Su vida cambió cuando, cantando en la calle, un transeúnte muy elegante se paró a escucharla. Ese hombre resultó ser el propietario del cabaret Gerny's, uno de los más conocidos de París. Tras una pequeña prueba, Edith fue contratada de inmediato. Su éxito no tardó en llegar y fue conocida como "Möme Piaf" ( pequeño gorrión). Era 1937 y había nacido una nueva estrella: EDITH PIAF.
Su buena fortuna duró poco, el propietario de Gerny's fue encontrado muerto de un disparo en el club que regenteaba; la cantante fue sospechosa del asesinato. La prensa la acusó y la sociedad elitista parisina le volvió la espalda. Volvió a mezclarse con lo peor de los barrios bajos de París, cantando en tugurios y llevando una vida desordenada.
"No me importa lo que diga la gente. Mucho menos me importan sus leyes."
"Cantar es una forma de escapar. Es otro mundo."
Su consagración llegó tras la Segunda Guerra Mundial, cuando se convirtió en la musa de poetas e intelectuales del París existencialista y se ganó la admiración incondicional del público.
Estoy segura de que podría leer Baudelaire en un cabaret y aplaudirían."
"La gente dice que yo podría cantar la guía telefónica y hacer que suene bien."
"Siempre tuve ganas de cantar. Como también supe que algún día ocuparía mi lugar en la canción. Era como una premonición que me vino simplemente escuchando las ovaciones."
Un letrista conocido como Raymond Asso, que era su amante, la ayudó a sobreponerse. Edith remontó el vuelo y volvió a los grandes escenarios de Francia, de Europa y de América. Se convirtió en la gran dama de la canción francesa, ayudando a talentos emergentes como Charles Aznavour, Yves Montand y relacionándose con intelectuales como Jean Cocteau.
En 1946 viajó a Nueva York y conoció al amor de su vida, el boxeador Marcel Cerdan.
Vivieron el uno para el otro durante años, a pesar de que él era casado y de que nunca se divorció.
"No, no me arrepiento de nada, pues mi vida y mis alegrías HOY comienzan contigo."
"Cuando tus ojos me miran, mi corazón se alborota."
Ella le elegía la ropa, organizaba sus combates y lo seguía en sus desplazamientos. El rechazaba contratos que lo obligaban a alejarse de ella. Dos amantes que vivieron a escondidas su loca pasión, sus cuerpos, sus palabras y sus destinos estaban encadenados el uno al otro.
"Yo te amo irracionalmente, anormalmente, locamente, y nada puedo hacer para evitarlo. La culpa es tuya, eres magnífico. Abrázame con el pensentre tus brazos y piensa que nada cuenta en el mundo aparte de tú y yo", escribió Edith a Cerdan.
El le contestó: "Existe una sola Edith Piaf y yo tengo la suerte, yo, pobre boxeador bruto, de ser amado por ella."
Marcel Cerdan murió en 1949 al estrellarse el avión en el que viajaba. Esto la hundió nuevamente en una profunda depresión que superó a base de alcohol y tranquilizantes. Fue también la época de sus grandes éxitos: LA VIE EN ROSE y LES TROIS CLOCHES.
En 1951 tuvo un grave accidente automovilístico, en el que se fracturó varias costillas. Para aliviar su dolor, los médicos le recetaron morfina, pero Edith se volvió adicta y comenzó a beber nuevamente. Como su madre, terminó en las calles buscando hombres para apaciguar su soledad.
Nunca pudo olvidar a Cerdan ni pudo quitarse de la cabeza que en parte, su muerte, había sido culpa suya. Cerdan viajaba rumbo a Nueva York. Ella lo había apremiado para que se reunieran. En memoria de Marcel, Edith escribió "La belle histoire d'amour".
"Je nóublierai jamais, nous deux, comme on s'aimait. Toutes les nuits, tous les tours, la belle histoire d'amour..."
Sus últimos años vivió alejada de los escenarios. En 1959 se le diagnosticó cáncer.Murió en Provenza en octubre de 1963. En su entierro, el cortejo fúnebre fue seguido por una multitud de 40.000 personas.
Todavía hoy se descubren flores frescas en su tumba. Fue una mujer que conoció la más terrible de las desgracias, estar rodeada de personas que la adoraban mientras ella vivía en la más absoluta de las soledades.
"Si un día la vida te arranca de mi lado, si murieras lejos de mí, no me importaría si me amas, yo también moriría."
www.youtube.com/watch?v=0g4NiHef4Ks
La vida de Edith Piaf fue movida y azarosa. Empezando por su nacimiento (Paris, 1915), que fue en una esquina de una calle parisiense, donde su madre, alcohólica, fue atendida por dos policías. La misma Edith, muchos años después acabaría como su madre, tirada en la calle.
Hija de un contorcionista acróbata y de una cantante de cabaret, su infancia fue triste. Sus padres se separaron muy pronto; la madre,enferma, dejó la custodia de Edith a su marido y a una abuela paterna. Dada la precaria situación económica de la familia, la joven tenía que ganarse unas monedas cantando en las calles y cafés de París.
Sin embargo, a pesar de que su vida estuvo marcada por la desdicha desde su más tierna infancia, Edith se refería a esta etapa con optimismo.
"Mi vida de niña puede parecer espantosa, pero era hermosa...Pasé hambre...Pasé frío...Pero era libre...Libre de no levantarme...De no acostarme...De emborracharme...De soñar...De esperar."
Su aspecto desvalido le valió el nombre por el que es universalmente conocida: PIAF (gorrión).
La situación empeoró cuando a los 16 años quedó embarazada. En 1932 tuvo una hija que murió a los dos años. La vida de la cantante quedó marcada por esa tragedia. Siguió cantando en cafés y clubes de los barrios menos recomendables del París de esa época.
Su vida cambió cuando, cantando en la calle, un transeúnte muy elegante se paró a escucharla. Ese hombre resultó ser el propietario del cabaret Gerny's, uno de los más conocidos de París. Tras una pequeña prueba, Edith fue contratada de inmediato. Su éxito no tardó en llegar y fue conocida como "Möme Piaf" ( pequeño gorrión). Era 1937 y había nacido una nueva estrella: EDITH PIAF.
Su buena fortuna duró poco, el propietario de Gerny's fue encontrado muerto de un disparo en el club que regenteaba; la cantante fue sospechosa del asesinato. La prensa la acusó y la sociedad elitista parisina le volvió la espalda. Volvió a mezclarse con lo peor de los barrios bajos de París, cantando en tugurios y llevando una vida desordenada.
"No me importa lo que diga la gente. Mucho menos me importan sus leyes."
"Cantar es una forma de escapar. Es otro mundo."
Su consagración llegó tras la Segunda Guerra Mundial, cuando se convirtió en la musa de poetas e intelectuales del París existencialista y se ganó la admiración incondicional del público.
Estoy segura de que podría leer Baudelaire en un cabaret y aplaudirían."
"La gente dice que yo podría cantar la guía telefónica y hacer que suene bien."
"Siempre tuve ganas de cantar. Como también supe que algún día ocuparía mi lugar en la canción. Era como una premonición que me vino simplemente escuchando las ovaciones."
Un letrista conocido como Raymond Asso, que era su amante, la ayudó a sobreponerse. Edith remontó el vuelo y volvió a los grandes escenarios de Francia, de Europa y de América. Se convirtió en la gran dama de la canción francesa, ayudando a talentos emergentes como Charles Aznavour, Yves Montand y relacionándose con intelectuales como Jean Cocteau.
En 1946 viajó a Nueva York y conoció al amor de su vida, el boxeador Marcel Cerdan.
Vivieron el uno para el otro durante años, a pesar de que él era casado y de que nunca se divorció.
"No, no me arrepiento de nada, pues mi vida y mis alegrías HOY comienzan contigo."
"Cuando tus ojos me miran, mi corazón se alborota."
Ella le elegía la ropa, organizaba sus combates y lo seguía en sus desplazamientos. El rechazaba contratos que lo obligaban a alejarse de ella. Dos amantes que vivieron a escondidas su loca pasión, sus cuerpos, sus palabras y sus destinos estaban encadenados el uno al otro.
"Yo te amo irracionalmente, anormalmente, locamente, y nada puedo hacer para evitarlo. La culpa es tuya, eres magnífico. Abrázame con el pensentre tus brazos y piensa que nada cuenta en el mundo aparte de tú y yo", escribió Edith a Cerdan.
El le contestó: "Existe una sola Edith Piaf y yo tengo la suerte, yo, pobre boxeador bruto, de ser amado por ella."
Marcel Cerdan murió en 1949 al estrellarse el avión en el que viajaba. Esto la hundió nuevamente en una profunda depresión que superó a base de alcohol y tranquilizantes. Fue también la época de sus grandes éxitos: LA VIE EN ROSE y LES TROIS CLOCHES.
En 1951 tuvo un grave accidente automovilístico, en el que se fracturó varias costillas. Para aliviar su dolor, los médicos le recetaron morfina, pero Edith se volvió adicta y comenzó a beber nuevamente. Como su madre, terminó en las calles buscando hombres para apaciguar su soledad.
Nunca pudo olvidar a Cerdan ni pudo quitarse de la cabeza que en parte, su muerte, había sido culpa suya. Cerdan viajaba rumbo a Nueva York. Ella lo había apremiado para que se reunieran. En memoria de Marcel, Edith escribió "La belle histoire d'amour".
"Je nóublierai jamais, nous deux, comme on s'aimait. Toutes les nuits, tous les tours, la belle histoire d'amour..."
Sus últimos años vivió alejada de los escenarios. En 1959 se le diagnosticó cáncer.Murió en Provenza en octubre de 1963. En su entierro, el cortejo fúnebre fue seguido por una multitud de 40.000 personas.
Todavía hoy se descubren flores frescas en su tumba. Fue una mujer que conoció la más terrible de las desgracias, estar rodeada de personas que la adoraban mientras ella vivía en la más absoluta de las soledades.
"Si un día la vida te arranca de mi lado, si murieras lejos de mí, no me importaría si me amas, yo también moriría."
www.youtube.com/watch?v=0g4NiHef4Ks
martes, 23 de junio de 2015
FRIDA KAHLO, FLOR EXOTICA
Esta indómita mujer nació en México el 6 de julio de 1907. Era una de las cuatro hijas de un padre judío-húngaro y una madre de ascendencia indígena-mexicana.
En realidad nunca estuvo en sus planes dedicarse a la pintura. Superviviente de polio, comenzó un programa de pre-medicina en la ciudad de México.A la edad de 18, sufrió graves heridas en un accidente de autobús.
Pasó alrededor de un año en cama recuperándose de roturas en su columna vertebral, hombros y costillas; una pelvis astillada y daños en el pie. Sufrió más de 30 operaciones a lo largo de su vida y durante su convalscencia comenzó a pintar.
"Mi padre tenía desde hacía muchos años una caja de colores al óleo, unos pinceles y una paleta en un rincón de su tallercito de fotografía...yo le tenía echado el ojo a la caja de colores. No sabría explicar el por qué. Al estar tanto tiempo en la cama, enferma, aproveché la ocasión y se la pedí a mi padre. Mi mamá mandó hacer con un carpintero un caballete...que podía acoplarse a la cama donde yo estaba, porque el corsé de yeso no me dejaba sentar. Así comencé a pintar mi primer cuadro, el retrato de una amiga."
Junto a la cama había un espejo donde Frida se veía a sí misma, se descubría y experimentaba con ella su propio modelo. Este fue el inicio de sus numerosos autorretratos.
Sus pinturas son deliberadamente ingenuas y llenas de colores y formas, inspiradas en el arte folklórico mexicano.Sus trabajos tienen un sesgo muy personal y autobiográfico: Frida es sujeto y objeto de su obra.
A los 22 años se casó con el muralista Diego Rivera, 20 años mayor que ella. Esta relación tormentosa y apasionada sobrevivió infidelidades, la presión de sus carreras, el divorcio, una segunda boda, los asuntos amorosos lésbicos de Frida, su mala salud y su incapacidad de tener hijos.
"La pintura ha llenado mi vida. He perdido tres hijos y otra serie de cosas que hubiesen podido llenar mi horrible vida. La pintura lo ha sustituido todo. Creo que no hay nada mejor que el trabajo."
El asunto más doloroso, en las cuestiones de infidelidad, fue la relación de Diego con su hermana.Este impacto emocional sumado a sus grandes dolores físicos, le causó una enorme angustia que trató de sobrellevar con drogas y alcohol.
"Quise ahogar mis penas en alcohol, pero las condenadas aprendieron a nadar."
Siempre perdonó a Diego, su gran y único amor.
"Como siempre cuando me alejo de ti, me llevo en las entrañas tu mundo y tu vida, y de eso es de lo que no puedo recuperarme."
"Aunque haya dicho te quiero a muchos, y haya tenido citas y besado a otros, en el fondo sólo te he amado a ti."
"Quizá esperen oír de mí lamentos de lo mucho que se sufre viviendo con un hombre como Diego. Pero yo no creo que las márgenes de un río sufran por dejarlo correr."
"Sufrí dos graves accidentes en mi vida...Uno en el cual un tranvía me arrolló y el segundo fue Diego."
El accidente de tranvía la dejó inválida físicamente y Rivera la dejó invalida emocionalmente.
Durante su vida, Frida creó unas 200 pinturas, dibujos y esbozos relacionados con las experiencias de su vida, dolor físico y emocional, y su turbulenta relación con Diego Rivera.
"Creían que yo era surrealista, pero no lo era. Nunca pinté mis sueños. Pinté mi propia realidad."
Cuando le preguntaban porque pintaba tantos autorretratos, ella contestaba:
"Porque estoy sola tan a menudo, porque soy la persona que conozco mejor."
En 1953 Frida exhibió en solitario por primera vez en México. En ese momento su salud era tan mala que su médico le pidió que no se levantara de la cama. Frida insistió en asistir y lo hizo al muy puro estilo Kahlo. Llegó en una ambulancia y su cama, en la parte trasera de un camión. La colocaron en su cama y cuatro hombres la cargaron y así la llevaron a la sala en donde se exhibían sus pinturas.
Ese mismo año le amputaron una pierna por debajo de la rodilla debido a una infección de gangrena. Esto la sumió en una gran depresión que la llevó a intentar el suicidio en un parde ocasiones. Durante ese tiempo escribió poemas relacionados con el dolor y el sufrimiento.
"Pies, ¿para qué los quiero si tengo alas pa' volar?."
"Si tan solo tuviera cerca de mi su caricia
Como a la tierra el aire se la da
la realidad de su persona,
me haría más alegre, me alejaría
del sentido que me llena de gris
Nada ya sería en mí tan hondo, tan final.
Pero como le explico mi necesidad
enorme de ternura!."
El ánimo y la valentía la acompañaron hasta el final. Movilizándose en silla de ruedas, participó junto a Diego en una manifestación de protesta contra la intervención de Estados Unidos en Guatemala.
Frida murió el 13 de julio de 1954. Su cuerpo fue incinerado y sus cenizas se conservan en la Casa Azul de Coyocán, el lugar que la vio nacer.
"Cuando muera quemen mi cuerpo...No quiero ser enterrada. He pasado mucho tiempo acostada. ¡Simplemente quémenlo!."
Su última obra se tituló "Viva la Vida", en 1954
Y las últimas palabras que escribió en su diario:
"ESPERO ALEGRE LA SALIDA Y ESPERO NO VOLVER JAMAS."
Suscribirse a:
Entradas (Atom)



















